diumenge, 25 de setembre de 2011

Conflictos Territoriales en Catalunya



En los últimos años estamos viviendo en nuestro país, el nacimiento de una serie de conflictos relacionados con el uso del territorio, de carácter muy variado. A menudo se nos presentan a través de los medios de comunicación y por los políticos con una gran dosis de simplismo, como fruto de la reacción egoísta de unos pocos que ven en peligro su “modus vivendi”, o como resultado de acciones colectivas en busca de un mayor equilibrio territorial. No podemos quedarnos sólo con estos motivos, y creemos que la proliferación de conflictos se debe fundamentalmente a tres factores:

·         La creciente preocupación de la población por la calidad, los recursos, la seguridad y la identidad del lugar donde vive.

·         La crisis de confianza en las instituciones políticas y de representación ciudadana

·         Las limitaciones de las políticas territoriales, generalmente escasas y mal diseñadas, y habitualmente mal explicadas.

Las identidades locales, a menudo son ignoradas desde los grandes centros de decisión, lo que provoca sin duda, elementos de tensión. Además, la implantación de nuevas tecnologías permite la dispersión y refuerza la centralidad, creando diferencias entre unas poblaciones y otras. Sin embargo, la creciente interrelación entre poblaciones y la mayor facilidad en los desplazamientos, así como la ventaja comparativa que se puede obtener por el hecho de ubicar una actividad en un sitio y no en otro (siempre en consonancia con factores como la disponibilidad, el coste de la mano de obra local, la existencia de actividades complementarias, la facilidad de acceso exterior, la eficacia administrativa o la existencia de servicios adecuados), hacen de las características especiales de cada lugar un hecho diferencial cada vez más importante, en contra de lo que pudiera parecer, en un mundo cada vez más globalizado.

De esta manera, cada lugar se define por aquello de lo que dispone para ofrecer, hecho que comporta inevitablemente, competencia entre territorios, base de muchos conflictos territoriales. Otro factor a tener en cuenta, es el nacimiento de nuevas formas de identidad local, potenciadas por el temor a la pérdida de sentido de las mismas en el entorno global imperante. Son las llamadas “identidades de resistencia”, bien diferentes de las “identidades legitimadoras”, impulsadas desde las instituciones oficiales, o las “identidades de proyecto”, cuyo objetivo es la transformación social en un sentido más amplio que el local. Así, vemos que se produce la paradoja de que en un mundo más globalizado, la política local cada vez tiene mayor importancia, pues las personas tienden a buscar en su entorno la seguridad que no perciben en unas dinámicas territoriales y económicas globales, a menudo lejanas e incomprensibles.

En el origen de la mayoría de los conflictos territoriales, observamos la participación de agentes externos de carácter supralocal que toman decisiones de tipo empresarial o administrativo (a veces en conjunción), que afectan a un territorio en el cual no residen, hecho que provoca la reacción en contra de los agentes locales afectados. Los motivos más habituales del rechazo a éste tipo de actuaciones, son la preocupación paisajística, la alarma por la pérdida de recursos, el temor por el patrimonio personal o colectivo, o la motivación medioambiental, hechos que comportan una derivación a la extensión de los conflictos a conjuntos de municipios, comarcas, o incluso a territorios más extensos.




No en el patio de casa

La ciencia política anglosajona ha bautizado a los conflictos locales de carácter reactivo, con el acrónimo NIMBY (“Not In My Back Yard”), pero en el caso de los conflictos catalanes, ésta definición no se ajusta del todo a la realidad. Hay que tener en cuenta, que bajo ésta denominación se agrupan aquellos conflictos que responden a lógicas generales que tienen como objetivo el bienestar de la sociedad en su conjunto, cosa que no se corresponde con temas como la ampliación de la estación de esquí de Vaqueira, o la construcción del puerto deportivo de Sant Feliu, por citar dos ejemplos, de carácter claramente empresarial.

Otra característica de los conflictos tipo NIMBY, es la percepción de que los movimientos opositores obedecen a motivaciones egoístas, que harían que la acción opositada fuera aceptada si se produjera en otro territorio. Tampoco se da ésta circunstancia en los movimientos que defienden los bosques de la Catalunya Central, o los lugares históricos de la Batalla del Ebro. Evidentemente, sí encontramos movimientos locales que aceptarían sin problemas cambios de ubicación en determinadas actuaciones, pero hablamos de una minoría de los casos.

Por último, la denominación NIMBY, presupone que en cada conflicto hay unanimidad en los agentes locales en el rechazo, y en los agentes externos en la promoción de las actuaciones. Vemos que en conflictos como el del trasvase del Ebro, hay una mezcla de agentes tanto locales como externos a su favor, y lo mismo pasa en el bando del rechazo.

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