dimecres, 7 de setembre de 2011

El Sistema Urbano. Jerarquía Global de Ciudades


El estudio y conocimiento de las ciudades resulta imprescindible para la comprensión del mundo actual, pues su influencia se deja notar en campos tan dispares y a la vez tan complementarios como la economía, la política, la cultura o el medioambiente. La mitad de la población mundial vive en ciudades, tanto en el mundo desarrollado como en el Tercer Mundo, aunque el ritmo de crecimiento de las mismas es diferente en uno y en otro.

Según Friedrich Ratzel, una ciudad es “una reunión duradera de personas y de viviendas humanas que cubre una gran superficie y se encuentra en la encrucijada de grandes vías comerciales”. Manuel de Terán la define como “una agrupación más o menos grande de personas sobre un espacio relativamente pequeño que ocupan densamente, que utilizan y organizan para habitar y hacer su vida, de acuerdo con su estructura social y su actividad económica y cultural”. René Maunier, sociólogo francés, describe una ciudad como “una sociedad compleja, cuya base geográfica es particularmente restringida con relación a su volumen, y cuyo elemento territorial es relativamente débil con relación a sus elementos humanos”.

Como vemos, existen múltiples definiciones del concepto de ciudad, y éstas han ido evolucionando en función del contexto histórico y social de las mismas, desde la creación de los primeros asentamientos urbanos hace alrededor de 5.000 años. En la actualidad, el fenómeno urbano se entiende como el resultado de un proceso histórico, fruto de una organización socioeconómica determinada. También se entiende como un lugar central en la medida en que ofrece bienes y servicios a su población y a su área de influencia.

En 1933, el geógrafo alemán Walter Christaller, elaboró la Teoría del Lugar Central, que mantiene que los asentamientos actúan como centros que proporcionan uno o más servicios a las zonas circundantes; su importancia varía según la cantidad y tipos de asentamientos diferentes que dependan de ellos y según la cantidad y clase de servicios o funciones que les proporcionen. También tiene en cuenta la distancia que los individuos están dispuestos a recorrer para obtener un servicio.

Esta teoría es básica a la hora de estudiar las redes urbanas, es decir, a las relaciones que se establecen entre las diferentes ciudades, y permite realizar una jerarquización de las ciudades, en función del número de bienes y servicios o funciones que ofrecen, tanto a su población como a la de otras localidades de dimensiones inferiores o a otros tipos de población dispersa. Esta área de influencia, se amplía en la actualidad con la aparición de las nuevas tecnologías, y su gran incidencia en una economía globalizada, como lo ilustra el crecimiento de las finanzas y los servicios especializados.

De la teoría de Christaller se deriva una vertebración y articulación del territorio basada en estructuras jerárquicas tanto de localidades como de áreas y regiones. La estructura resultante es la siguiente:

  • Una jerarquía de lugares centrales constituida por diferentes niveles de localidades. Cada nivel de localidades tiene todos los bienes y servicios de los niveles inferiores, más unos que son característicos del nivel y que lo diferencian.
  • Una jerarquía de bienes y servicios centrales que está asociada a la jerarquía de lugares y que se establece a partir de los diferentes alcances que tiene cada bien y servicio central.
  • Una jerarquía de regiones complementarias asociada también a la jerarquía de lugares.

En la actualidad, esta teoría se ve complementada por otros factores. Se da mayor importancia a la extensión, que no a la forma, de las áreas de mercado.

De la observación de la tabla del enunciado, extraemos diversas conclusiones. Vemos que la asignación de un nivel a una ciudad no depende en absoluto de la cantidad de población de la misma. Éste dato, es solo uno más a la hora de valorar su jerarquía. Se tienen en cuenta, cuestiones como el hecho de ser un centro político internacional, como el caso de Bruselas, con una población que no alcanza los 150.000 habitantes, pero principal sede administrativa de la Unión Europea, o grandes centros económicos, como Frankfurt, con apenas 670.000 habitantes, que acoge la sede del Banco Central Europeo.

Por tanto, deducimos que las ciudades más pobladas no son las más importantes. La importancia de una ciudad viene dada por el número de bienes y servicios centrales que ofrece, tanto a sus habitantes como a la población de otras localidades, centrales o no, de nivel inferior y a la población dispersa. En este sentido, vemos que las ciudades de nivel 1 de la tabla, representan los principales centros de negocios mundiales. Tomando como ejemplo a Londres, varios factores explican su posicionamiento al frente de la economía mundial: su posición como capital del Imperio Británico, su cercana relación con Estados Unidos y varios países asiáticos, la importancia de la ley inglesa (la más utilizada en los negocios), su infraestructura multicultural, sus bajos impuestos (especialmente para extranjeros), su buena infraestructura de transportes, su industria aérea y la poca intervención del gobierno en la economía. Se estima que Nueva York representa una cuarta parte de la exportación de servicios de su país, con sólo un 3% de la población de los Estados Unidos.



Históricamente, la localización geográfica de las ciudades ha tenido una importancia fundamental en el desarrollo de las mismas y en su jerarquización, pero en la actualidad, como resultado de las nuevas tecnologías de la comunicación, las relaciones entre ciudades han evolucionado hacia la creación de redes de transacciones electrónicas, que conectan a ciudades a través del mundo. La más poderosa de éstas redes de ciudades es la que vincula diferentes niveles urbanos a través de la telemática y las transacciones electrónicas, uniendo los mayores centros financieros y de negocios internacionales: Nueva York, Londres, Tokio, París, Frankfurt, Zúrich, Ámsterdam o Los Ángeles, entre otros.

Parece claro que el modelo de organización de redes urbanas que propone Christaller, está dejando de tener validez a la vista de los fenómenos sociales más recientes, como la aparición de nuevas formas de ciudad, la aparición de áreas metropolitanas, donde se generan lazos intensos de relación entre sus componentes, o las regiones urbanas, de mayor extensión. Estos fenómenos se dan el mundo desarrollado, a diferencia del Tercer Mundo, donde el gran crecimiento demográfico a que están sometidas, fomenta la aparición de guetos y al empobrecimiento paulatino de la gran mayoría de sus habitantes, aunque con una clase urbana de élite que reside en barrios lujosos y que cada vez más acentúa sus diferencias con el resto de la población.

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